aquí y ahora: transcultura

Aquí y Ahora: Transcultura
Curaduría: Alana Alanna Lockward y Alanna Heiss [PS1 MOMA]
Centro Cultural de España en El Salvador // Noviembre 2007

¿VISA PARA LA TRANSCULTURA?
Por Alanna Lockward

Fuente origen:
https://alannalockward.wordpress.com/2013/08/20/transcultura/

Alana Alanna Lockward y Alanna Heiss (foto: https://alannalockward.wordpress.com/)

Artistas participantes//
Mayra Barraza, Nicolás Dumit Estévez, Walterio Iraheta, Kalup Linzy, Ronald Morán, Alexia Miranda, Iván Navarro, Wanda Raimundi Ortiz, Antonio Romero, Ana Urquilla, Verónica Vides – Javier Marcos, Simòn Vega y Danny Zavaleta.

Cuando recibí la invitación de Rebeca Dávila a participar en este proyecto como co-curadora junto con ella y Alanna Heiss, acepté con entusiasmo moderado. Me parecía una idea fantástica, pero poco o prácticamente imposible por dos razones. La primera de ellas el factor tiempo. La invitación me llego a mediados de agosto y la exposición estaba pautada para noviembre. Un proyecto de talleres y exposición con las características y dimensiones de Aquí y Ahora: Transcultura, en parámetros alemanes tomaría no menos de dos años de preparación. Lo digo en serio. Continúe respondiendo los correos de Rebeca sin hacerle caso a mi reprobable transculturización alemana, recordándome el calor y la humedad del trópico dominicano, donde nací, y el verde del paisaje tan parecido al salvadoreño. Le seguí la corriente y para asegurarme de la pureza de mis intenciones le puse condiciones a mi participación, de forma tal que el proyecto de alguna manera aterrizara en mi universo de posibilidades.

De repente me llegaron las racionales de los artistas en correos separados, cada una con cinco archivos que baje pacientemente en mi computadora. Esos poco más de cincuenta archivos me inscribieron en un curso intensivo de Salvadorian Reality 101, pero aún  frente a ello y a la evidencia programática que llegaba a mi correo yahoo, Aquí y Ahora me seguía pareciendo un espejismo muy bonito. Lo que me lleva a citar la segunda razón por la que consideraba la idea una locura tan improbable como ponderable y atractiva.

La audaz ocurrencia, o no se si llamarla frescura inocente, de Rebeca Dávila de convocar a dos curadoras con el mismo (rarísimo) nombre,  y con una trayectoria tan distinta era sencillamente fantástica. Alanna Heiss es una leyenda del campo del arte internacional que lleva más de tres décadas en la línea de fuego, o en la cúspide, según la posición desde donde hablemos, del quehacer y el discurso de la contemporaneidad. Un discurso que se ha auto-declarado como el legítimo representante del “arte” a secas, sin necesidad de etiquetas como “salvadoreño”, “caribeño”, “africano” o “latinoamericano”.

Por mi parte, llevo dos décadas de trabajo independiente reconocido en círculos internacionales muy específicos que investigan, apoyan y difunden los discursos de la Otredad, en resistencia a la tristemente famosa (para nosotros) “universalidad” del arte. De modo que la combinación de posiciones curatoriales no podía ser más transgresora, más transcultura. Demasiado perfecta en su contradicción para llegar a materializarse.

Me equivoqué de punta a punta. Esta audacia imponderable está aquí y ahora tan clara frente a nuestros ojos como ha estado desde hace un año cuando tomó forma en la computadora de Rebeca Dávila, donde compuse este texto en una linda habitación del Sheraton (y esto, sí es un comercial).

Que todos estamos poseídos y todos poseemos  la transcultura, tanto los que se mueven como los que se quedan, los que nos aceptan, como los que nos rechazan, es una verdad muy clara y sencilla para nosotros, los que emigramos, pero todavía no para tantísimos otros.

El trabajo que hemos realizado juntos en esta exposición es un granito de arte muy significativo, no sólo porque se concibe y produce en un lugar que hasta hace tan poco tiempo encabezaba los titulares del mundo en relación a un conflicto armado, sino porque se suma a otras propuestas discursivas actuales que procuran alterar el curso de una visión de la Historia centrada en el privilegio aún no marcado de  los que se han auto-asignado el papel de diseñar el paradigma de la “universalidad” del arte. Así de simple.

A través del diálogo entre las obras de los artistas salvadoreños: Walterio Iraheta, Antonio Romero, Ana Urquilla, Ronald Morán, Mayra Barraza, Alexia Miranda, Danny Zavaleta, Simón Vega, y Verónica Vides y Javier Marcos; y de los estadounidenses Wanda Raimundi Ortiz, Iván Navarro, Kalup Linzy y Nicolás Dumit Estévez, la capacidad de convocatoria del tema transcultural no sólo ha tomado olor, sabor y visibilidad en el cuerpo de todos nosotros; ha depositado su solicitud de visa de legitimación en un circuito tan emblemático como el de  PS1Moma.

En un plano menos conceptual pero igualmente indispensable, este proyecto ha abierto las puertas futuras iniciativas de producción de visibilidad para el arte contemporáneo en la región centroamericana, no sólo por la originalidad de su estrategia de financiamiento sino que también por la eficiencia fuera de serie que lo ha caracterizado. Y esto también es un comercial.